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La España vaciada y el reto del cambio climático

2. LA ESPAÑA VACIADA Y EMERGENCIA CLIMÁTICA

La importancia del medio rural en el contexto de la llamada Emergencia Climática hace ver la extrema necesidad de redenir su papel no solo como elemento de resiliencia ante los efectos del Cambio Climático, sino en su rol más activo como mitigador, como objeto de acciones que reducen hoy y en el futuro la reducción de emisiones de GEIs y fundamentalmente de CO2.

La gestión sostenible de pastizales, montes y bosques para dotar de activos económicos a la población rural ha sido y es fundamental para la conservación del medio natural, para una ecodiversidad que ha producido enormes benecios al ser humano, al dotarle de servicios ambientales esenciales para el propio mantenimiento del sistema social y económico.

A los efectos del cambio climático, hay que añadir los riesgos derivados por la despoblación, por el vaciamiento del medio rural en un proceso progresivo con envejecimientos poblacionales y con el abandono paulatino de muchos trabajos que son esenciales para el mantenimiento de esos servicios ecológicos.

Incendios, desertización y pérdida de biodiversidad son los principales impactos sobre el medio ambiente como consecuencia de estas dos realidades que se retroalimentan:

  • Incendios: la pérdida de población está favoreciendo que se abandonen los usos tradicionales de cuidado y conservación que la agricultura y la ganadería realizaban sobre el entorno, favoreciendo de esta manera el aumento de los incendios.
  • Desertización: los incendios son, a su vez, una de las principales causas de la desertización y la degradación de los suelos. Al degradarse, estas zonas son más vulnerables a los efectos del cambio climático.
  • Pérdida de Biodiversidad: se abandonan los cultivos tradicionales, y las espacies
    vegetales y animales autóctonos desaparecen por la falta de actividad agraria en las zonas afectadas por la despoblación.

Pero la despoblación está provocando, también, la pérdida de una parte del patrimonio cultural y paisajístico de nuestro país. Junto con la agricultura y la ganadería, el turismo rural se ha convertido en una de las principales actividades económicas para estos territorios. La degradación del paisaje, vinculada a los efectos del cambio climático, o al deterioro de gran parte del patrimonio arquitectónico y etnográco que existen en el mundo rural, no favorecen el interés por conocer y disfrutar del entorno natural y cultura que nos ofrece.

Combatir la despoblación es una de las formas más ecientes de luchar contra el cambio climático. Que vivan y trabajen personas en el medio rural signica menos incendios, contener la deserticación, o proteger los recursos hídricos entre otros muchos elementos positivos para el medio ambiente

Así pues, el mundo rural está siendo afectado por dos fenómenos que interactúan:    cambio climático y despoblamiento que refuerzan la evolución negativa de las últimas décadas para un entorno rural desestructurado progresivamente, generando impactos negativos para el conjunto de la sociedad.

Se hace urgente redenir el papel del mundo rural, asumiendo el reto que supone esta España vaciada en un contexto de progreso sostenible. En dicho contexto, al histórico papel de los sectores agropecuarios (agricultura de secano y regadíos y ganadería) es preciso añadir otras actividades económicas para que estos territorios sean, también, espacios de oportunidades. Actividades, muchas de ellas, vinculadas con la minimización del riesgo del Cambio Climático y que tengan un alto potencial para la dinamización socioeconómica. Y solo un sector tiene la capacidad de respuesta a ambos niveles: La generación de Energía Renovable.

Esta realidad debe estar refrendada por políticas públicas alineadas con las determinaciones de la Estrategia Nacional del Reto Demográco, cuyos objetivos generales son:

  • La coordinación y cooperación de todas las administraciones públicas.
  • El aprovechamiento sostenible de los recursos endógenos y,
  • La estrecha colaboración público-privada.

Para ello, esta Estrategia tiene establecidas líneas de acción entre las que destaca el
“Mejorar los mecanismos para una mayor colaboración público-privada, potenciando la incorporación de los factores demográcos en la responsabilidad social del sector privado, para convertir todos los territorios en escenarios de oportunidades, y hacerlo dentro de las líneas de acción y los propósitos de la Estrategia con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de la Agenda 2030”.

Pero asimismo existe otra acción pública de enorme entidad como es la Nueva Política
Agraria Común (PAC) post 2020, donde el fomento de Energías Renovables, y en especial la solar, es un factor esencial en el cumplimiento de sus tres objetivos generales:

A. El fomento de un sector agrícola inteligente, resistente y diversicado que garantice la
seguridad alimentaria.

B. La intensicación del cuidado del medio ambiente y la acción por el clima,
contribuyendo a alcanzar los objetivos climáticos y medioambientales de la UE.

C. El fortalecimiento del tejido socio – económico de las zonas rurales.

Las alianzas entre sectores agrícolas con gestores tecnológicos de energía fotovoltaica (y eólica) pueden ser claves para contribuir a la atenuación del Cambio Climático y al mismo tiempo como herramienta de inclusión social y de desarrollo local en zonas rurales, elementos esenciales para que la España vaciada deje de serlo.

En esta línea se enclava, fundamentalmente, la estrategia y la actuación de HARBOUR
ENERGY

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